Aunque parezca increíble, aún no tenía calibrado mi monitor principal de trabajo, así que hace unas semanas compré junto a unos amigos un calibrador de pantalla, el ColorMunki Display por 145€, y me gustaría comentar porqué es tan importante trabajar con un monitor calibrado.

Hoy en día dependemos del monitor para ver nuestras fotografías, y por muy bueno que este sea, si no lo tenemos configurado con un brillo, contraste y balance de color adecuado, veremos las fotografías diferentes a como son en realidad, por lo que el resto del mundo verá imágenes diferentes a como queríamos que fueran, y cuando imprimamos alguna copia nos llevaremos un susto. Para evitar estos problemas está el calibrador, un aparato que “ve” el monitor y nos asegura que el rojo es rojo, el azul es azul, y el verde es verde, además de configurar el monitor a un brillo y contraste adecuado.

De esta forma, nuestro monitor será de fiar. Esto no quiere decir que si calibramos un monitor de 100€ milagrosamente será tan bueno como un Eizo de 800€. El monitor seguirá siendo igual de malo y limitado en su representación cromática, pero por lo menos los colores que pueda representar los mostrará correctamente. Esto también es aplicable a los portátiles.

Configurar un monitor es muy sencillo. El software del calibrador nos guiará por los distintos pasos, y tras esperar unos minutos, nuestro monitor será más fiel a la realidad. Al principio no notaremos mucha diferencia, pero seguro que las imágenes se ven más planas y aparezcan dominantes extrañas. A modo de ejemplo, pongo una foto revelada antes y después de calibrar el monitor. Los cambios son sutiles pero significativos.