Desde hace un tiempo, siempre que conozco a alguien aficionado a la fotografía, siempre me pregunta las mismas cosas o tiene las mismas dudas, y aunque no sea ningún experto, creo que mi opinión acerca de varios mitos fotográficos puede ser interesante, así que ahí van:

1. La cámara no es lo importante

Que curioso que todo el que diga esto tenga una cámara de alto nivel, como una full frame o una de medio formato. Es cierto que para componer y captar un momento interesante lo importante es verlo y darle al obturador en el momento justo, pero si la cámara tiene un poco de retraso entre pulsar y actuar, su visor no es lo más indicado para ver el mundo, y cada vez que queremos cambiar algún parámetro tenemos que recorrer todos los menús, entonces la cosa se complica bastante. Además, esos desenfoques tan bonitos requieren, por cuestiones ópticas, unas cámaras con un sensor grande y una óptica muy luminosa, no disponible en las opciones más económicas, al igual que los teleobjetivos para captar animales salvajes, los objetivos descentrables para hacer efectos raros o los objetivos pata negra que dan una definición casi mayor que la realidad. Incluso en fotografía callejera, que es donde la cámara menos importaría, todos los grandes se decantan por una Leica. Por algo será 😉

2. Con esa cámara cualquiera hace buenas fotos

Un punto totalmente opuesto al anterior, y curiosamente creo que también falso. Con una cámara buena puedes conseguir una nitidez, definición y rango dinámico impensable para un iPhone, aunque para eso hay que saberla manejar, cosa que lleva su tiempo de aprendizaje. Curiosamente, con una buena cámara me parece más sencillo hacer malas fotos que con una compacta, quizás porque entre otras cosas, con una reflex la profundidad de campo ya es algo a tener en cuenta, y hay más parámetros para configurar que si influyen en la toma final y que hay que controlar. Con una compacta, tan sólo hay que preocuparse de encuadrar bien, pudiendo conseguir resultados llamativos aplicándole algo de Instagram.

3. Los grandes fotógrafos no usan Photoshop (o cualquier software de edición)

Una fotografía refleja como ve su autor el mundo, y para ello puede ajustarla en lo que vea conveniente. Si el resultado parece real, pues bienvenido sea. La impresionante fotografía de la niña afgana, realizada por Steve McCurry, fue realizada en un estudio portátil, con un tipo de carrete que satura mucho los colores, y después revelada para que quedase perfecta. Eso hoy en día habría pasado por Photoshop, que aunque no lo maneje directamente el fotógrafo, siempre está ahí el ayudante, editor o diseñador gráfico para darle un punto extra a la toma.

4. La fotografía analógica si era fotografía, sin trampas ni retoque

Lo mismo que el punto anterior. Con lo fácil que es hoy en día manipular una fotografía, y gracias a gente con gustos muy exagerados, Photoshop se ha convertido casi en el demonio, cuando su uso es imprescindible para cualquiera que dispare en RAW. Dice la gente que antes, en la época analógica, las fotos no se retocaban porque no era posible, ya que las enviabas al laboratorio y te las daban tal cual salían de la cámara (esto sin contar que cada carrete tiene un comportamiento diferente, y cada revelador también, siendo esto una distorsión de la “realidad” en toda regla). Solo hace falta estar unas horas en un cuarto oscuro (de fotografía) para ver todo lo que se puede transformar la fotografía, desde que sale de cámara hasta que está finalizada. Contraste general, reencuadrar, enfocar, sobreexponer o subexponer localmente, tapar manchas, … vamos, lo mismo que se hace en Photoshop pero sumándole el colocón gratuito de los líquidos.

5. Los grandes fotógrafos nacen con un talento especial

Si esto fuera cierto, un fotógrafo nunca evolucionaría en su vida y siempre haría las mismas fotos geniales, pero curiosamente según pasan los años, van cambiando de estilo y aportando nuevas miradas. Puede que haya gente a la que de manera instintiva se le de bien encuadrar, pero al leer la vida de cualquier gran fotógrafo, todos pasaron años y años disparando sin parar, estudiando la obra de otras personas (fotógrafos, pintores, escritor, da igual de que arte), probando nuevas técnicas, y trabajando sin parar. Si fuera solo cuestión de talento, esa preparación sería inútil. Sólo hay que mirar un poco de la obra de Cartier-Bresson para ver todo lo que se esforzaba en hacer buenas imágenes, dejando el talento natural en un plano bastante alejado.

Estas son solo algunos mitos básicos, espero que os hayan gustado las explicaciones. Otro día escribiré sobre los mitos de la parte técnica, que para ser algo tan exacto parece que hacer una foto se trata de un ritual voodoo.